La imagen me recordó patéticamente a LA. Ella
recostada, inconsciente, recién operada. Me senté a su lado y tomé su mano. La
besé y en silencio me largue a llorar. Ya no aguantaba más. Luego de unos
minutos, Tom entra con Dhira en brazos y riendo.
—Bill, alguien tiene hambre—dijo y me paré. Dhira
con sus enormes ojos me miró pícaro mientras con mucho ímpetu, succionaba su
manito regordeta como si estuviese saboreando algo delicioso.
—Llamaré a la enfermera, porque Lizzie aún no se
ha despertado—dije y salí de la habitación.
—Como está Lizzie?—preguntó Lorena.
—Aún duerme, pasa a verla—dije, pero prefirió
esperar afuera. A ella también le traía malos recuerdos.
—A donde vas?—preguntó Doris.
—A buscar una enfermera, Dhira tiene hambre y
Lizzie aún no se despertó.
—Quedate aquí con ella, yo iré.
—Gracias, Doris.
A los 10 minutos una enfermera nos trajo un
pequeño biberón con suero, para que Dhira se alimente mientras Lizzie
despertaba.
—Tardará mucho en despertar?—pregunté mientras le
daba el biberón a Dhira.
—No creo. La anestesia fue solo local. El Dr.
Horvill le dio unos tranquilizantes para no darle anestesia total, por lo que
en poco tiempo despertará.
—Voy a llamar a Christie—dijo Tom saliendo de la
habitación.
Nos quedamos los tres solos y en ese momento pensé
en Dhiva. Sola en la nursery. Me puse mal. No me gustaba la idea de que estuviese
sola habiendo estado casi 9 meses acompañada.
—Bi...Bill?—escuche decirle a Lizzie.
—Si cariño, aquí estoy—respondí tomándole la mano.
—Los....twins?—preguntó tratando de abrir los
ojos, pero le costaba.
—Están bien. No hables cariño, no te esfuerces.
—Quiero a…..mis twins—dijo esforzándose por
despertar.
—Aquí está Dhira—dije haciendo que su manito le
toque el rostro—Cuando despiertes Dhiva también estará aquí—le respondí para
tratar de calmarla. Aparentemente eso, la dejo tranquila porque volvió a dormirse.
Cuando la enfermera volvió por el biberón, me dio
unas pequeñas clases de paternidad. Una vez que practiqué y se estaba por
retirar, le pregunté por Dhiva.
—Enfermera, podremos ver a Dhiva?
—Si, esta estabilizada, así que no creo que tengan
problemas en verla. Quiere ir? Puedo acompañarlo.
—Si, por favor—dije y me pare para poner a Dhira
en la cunita ya que se había dormido. Salí de la habitación y solo estaban mi
madre y Lorena.
—Tom?—pregunté.
—Fue a casa con Valeria y Doris. No te quisieron
interrumpir.
—Porque no van uds? Están cansadas—les dije.
—Me gustaría quedarme hasta que Lizzie
despierte—dijo Lorena y mi madre asintió.
—Está bien, iré a ver a Dhiva, pueden quedarse con
Lizzie por si despierta?
—Por supuesto cariño—respondió mi madre.
—Dhira duerme?—preguntó Lorena.
—Si, ya comió. Lizzie despertó solo un momento y
volvió a dormirse. La enfermera dice que no tardará mucho más en despertar del
todo.
—Ve tranquilo que nos quedamos con ella.
Sonreí a modo de agradecimiento y seguí a la
enfermera quién me esperaba en la puerta del ascensor. La nursery estaba en el
5to piso en donde estaba parte del sector de pediatría. Cuando salí del
ascensor me encontré en otro mundo completamente diferente. Las enfermeras
llevaban sus ropas estampadas con motivos infantiles en colores alegres. Las
paredes estaban empapeladas con motivos de animales, globos y personajes de
dibujos animados. En el escritorio de la recepción había un manojo de globos
sostenidos por una maceta y peluches por donde se mire. Pasamos por varias
habitaciones en donde había chicos internados. Muchos de ellos solos, otros con
sus familiares. Al final del pasillo una gran puerta en vaivén escondía la
nursery. Cuando la traspasamos me encontré con una pared de cristal a ambos
lados. A través de ellas pude ver una gran cantidad de cunitas. Algunas vacías
otras con pequeños bebes, esperando ser atendidos, alimentados o cambiados.
Doblamos a la derecha y un cartel que decía “Terapia” me hizo saber que
habíamos llegado. Me hicieron poner una bata, una cofia y un protector en los
zapatos. Una vez listo me dejaron entrar.
La habitación estaba llena de pequeñas incubadoras
conectadas a tubos y maquinas. La mayoría de los bebes, eran del tamaño de una
mano. A pesar de los peluches, globos y empapelados de dibujos infantiles, el
lugar seguía siendo frío.
—Aquí está Dhiva—me dijo la enfermera captando mi
atención.
Me acerqué a la incubadora y allí estaba mi
pequeña. Rosadita y hermosa como su mamá. Era bastante más pequeña que su
hermanito, aunque verla en ese lugar daba la sensación de que era aún más
pequeña y frágil. Me acerque del lado de su rostro y pude ver las pequeñas
sondas que salían de su nariz y de su manito. Una puntada me hizo aflojar las
piernas. No era agradable verla conectada a una maquina. La enfermera me indico
que podía introducir las manos para tocarla y acariciarla. La estimulación era
buena para su recuperación. Me acerque del lado en que estaba la pequeña
abertura e introduje mi mano. Acaricié su pequeña espalda y reaccionó antes mi
contacto abriendo y cerrando sus manitos. La acaricié por un ratito mientras la
miraba detalladamente. Se parecía mucho a Dhira, pero sus rasgos eran más
delicados. Su cabello casi nos se notaba por lo rubio y claro. Su piel rosadita
se acentuaba en sus mejillas, aunque se nota que tenía aún un poco de palidez.
La maquina que controlaba sus pequeños y suaves latidos, me estaba perforando
la cabeza. Me senté pero sin quitar mi mano de su pequeña espalda. La contemplé
totalmente enamorado. Era mi pequeña princesita luchando por su vida. Coloque
mi dedo en su diminuta manito y enseguida se aferró a él. Un cosquilleo me
recorrió el cuerpo y una sonrisa se dibujo en mi rostro.
—Hola mi princesita!—le dije y volvió a apretar mi
dedo. Reconocía mi voz y eso me inundaba de amor. Su boquita comenzó a moverse
como succionando. Era un acto reflejo con el que nacen la mayoría de los bebes.
Habremos estado unos 15 minutos solos y la enfermera se acerca con un pequeño
biberón
—Quiere darle de comer a su pequeña?—me preguntó.
La miré, porque realmente me daba pánico
agarrarla. Se veía tan frágil.
—Si, por supuesto—respondí al fin. Colocó el
biberón en una pequeña mesita, abrió la incubadora y envolvió a Dhiva en su
mantita rosa con ositos.
—Tenga cuidado con los cables, que no se
enreden—me dijo mientras la tomaba de la cuna y la alzaba colocándola sobre su
hombro.
—Para que son?—pregunté curioso.
—El de la manito le pasa suero con antibióticos y
un suave tranquilizante que la mantiene relajada para que duerma la mayor parte
del día y el de la naricita le pasa aire puro directamente a sus pulmoncitos—me
dijo y me la entregó.
—Y el suero no la mantiene alimentada?
—Si, pero igual es bueno que tome el biberón para
que no pierda el reflejo de succionar, sino luego costara que se aferre al
pecho y pueda ser alimentada.
Era tan pequeña, que parecía que se iba a perder
entre mis brazos. La miré detalladamente como había hecho con su hermanito. Era
tan perfectamente hermosa. Sus pequeños ojitos estaban cerrados y sus manitos
tomadas. La enfermera me dio el biberón y apoye la tetina en sus labios.
Inmediatamente abrió su boquita y comenzó a succionar. Sus manitos se soltaron
y se aferraron a mi mano y al biberón. La acerqué más a mi rostro y le besé la
frente mientras le cantaba Ruégame. Inmediatamente sus succiones se hicieron
más suaves hasta quedarse totalmente dormida. La seguí mirando casi sin poder
creer que esta hermosa criaturita me pertenecía, que era una parte de mí. Era
tan grande el amor que me causaba, que no sentía mi cuerpo, me sentía elevado,
más allá del bien y el mal.
La enfermera se acercó y me informó que el tiempo
de visita se había terminado.
—Va a estar bien?—le pregunté mientras la volvía a
acostar.
—Está bastante bien. Es una niñita muy fuerte—me
respondió con una sonrisa.
—Que es eso?—le pregunté, señalando una pequeña
marca morada en su cuellito.
—Eso lo causo el cordón cuando se le enredó. Los
pequeños capilares se rompieron y formaron esta pequeña marca, pero se le ira,
no se preocupe—dijo tratando de calmarme.
En ese momento me di cuenta que mi princesita
estuvo muy cerca de morir asfixiada. La piel de gallina me recorrió el cuerpo.
Me moriría si le sucediese algo a ella, a Dhira o a Alien. Sería el fin para
mí. Pero no iba a permitir que pase nada. Los defendería hasta las últimas
consecuencias.
Nuevamente en la habitación, descubro que Lizzie
estaba despierta casi por completo.
—Mi amor—dije entrando y casi arrojándome a sus
brazos—Estás bien? Como te sientes?—le preguntaba mientras la llenaba de besos.
—Bien, un poco adolorida, pero bien. Como está
Dhiva? La pudiste ver?—preguntó y fruncí el seño sin entender como sabía—Tu
mamá me contó que la fuiste a ver—respondió ante mi duda.
—Es fuerte nuestra princesita, va a salir
adelante, no te preocupes.
Me sonrió y posó su mirada en Dhira que aún
dormía.
—Quieres alzarlo?—le pregunte.
—No, déjalo dormir, pero puedes acercarlo?—me
pregunto y así lo hice. Se acomodó en la cama y estiró la mano para tocarlo.
Inmediatamente Dhira reaccionó ante su contacto y se movió despertándose. Sus
hermosos ojos se posaron en su madre y una suave sonrisita se dibujó en su
rostro.
—Hola príncipe!—dije alzándolo y besándole el
cuello—Quieres conocer a la belleza que tienes de mami?—le dije acercándome a
Alien. Dhira me miraba con sus ojazos dulces y me dolía el alma.
—Hola mi vida!—dijo Alien tomando a Dhira entre
sus brazos—Mi príncipe más hermoso!—dijo y se le llenaron los ojos de lágrimas.
Inmediatamente Dhira sintió el olor de su mamá y fue en busca de su pecho.
Ayudé a Alien para que se acomode y no tuvo que hace nada más que dejar su
pecho al aire. Del resto se encargó Dhira. Era una imagen tan tierna verla
amamantar a mi pequeño! Saqué mi celular para tomar una foto.
—Ni se te ocurra, soy un desastre!—me dijo.
—Eras la mujer más hermosa del mundo y no pienso
perderme este momento—le respondí y tomé la foto, la adjunté y se la pase por
mensaje a Tom.
—Y Valeria?
—Se fue con Tom y Doris a la casa. Van a volver en
el horario de visita de la tarde—respondí y apoyo su cabeza en la almohada
clavando su mirada al techo. Mientras tanto Dhira seguía alimentándose y se
aferraba con las manitos al pecho de su mamá.
—Que sucede cariño?—le pregunté.
—Quiero ver a Dhiva, tengo miedo que le suceda
algo—dijo con los ojos llenos de lágrimas.
—No cariño, no te preocupes! Dhiva va a estar
bien. Es fuerte como tú y va a superarlo, ya verás. Cuando venga la enfermera
le preguntamos cuando puedes ir a verla. Seguramente necesitarán que la
alimentes así se pone más fuerte—dije tratando de calmarla.
—Te amo—me dijo sonriendo de costado mientras las
lágrimas caían de sus ojos.
—Yo también mi vida. Ya verás que en unos días no
iremos los 4 juntos de aquí—afirmé y la bese suavemente. Miré a Dhira y comencé
a reir. Había soltado el pecho y estaba dormido con la boca abierta en un gesto
de estar totalmente lleno y a punto de explotar. Lo tomé suavemente y lo
coloqué en mi hombro, palmee suavemente su espaldita para que largase el aire.
—Te has estado entrenando?—preguntó
—Es que mientras tú dormías le di el biberón dos
veces y la enfermera me estuvo dando algunas clases de paternidad—dije riendo.
—Se ven muy lindos juntos—dijo sonriendo
tiernamente—dame tu celular—me dijo y nos sacó una foto.

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