NARRADO POR TOM
Bajé nervioso en busca de mi auto. Sabía que todo lo que tenía pensado decirle a Sophie no me iba a salir cuando la viese. Pero también sabía que quería a Valeria y no podía hacerle esto. Por otro lado, mi instinto no me dejaba pensar en otra cosa que no sea 36 horas con Sophie. <Mejor no voy> me dije sentado en el auto. La panza me dolía y sentía mariposas en mi estómago. Realmente me desconocía. Nunca me sentí así, salvo antes de salir al escenario o en alguna premiación, pero por una chica....NUNCA. Inclusive en los encuentros anteriores ni siquiera estaba nervioso. <Será porque ahora sabía que no la vería más?> me pregunté.
Respiré profundo. Me convencí de que esto iba a ser lo mejor para ponerle punto final y puse en marcha el auto. Según la dirección, Sophie vivía a unos 40 minutos de donde estaba ahora. Estaba medianamente cerca del hotel donde estábamos hospedados. Me puse un poco de música para relajarme y libre mi mente de todo pensamiento. Iba a dejar que las cosas se dieran solas. Cuanto más trataba de pensar un speach, peor era. Paré en un drugstore y compre cigarrillos, pastillas y un chocolate. Pasé por la casa de comida vegetariana a retirar el pedido y me encaminé hacia su departamento. Como no tenía mucha idea donde era, cargue la dirección en el GPS y busque el camino más sencillo y libre de tránsito. Amaba la tecnología.
A las 7.50pm estaba estacionando el coche. La puerta del Hall estaba abierta por lo que entré directamente y fui hacia el ascensor. Las mariposas volvieron a aparecer y las manos comenzaron a transpirar. Respiré profundo y en cuanto se abrieron las puertas en el piso 4 la adrenalina se disparó. Traté de parecer lo más normal posible. Busque el departamento Z 4. Cuando llegué al mismo, vi que tenía puesta dos calcomanías un poco gastadas formando la palabra Zimmer 483. Reí. Realmente le gustaba TH, no era broma. Aunque después se me ocurrió que lo que realmente amaba era esa habitación y todo lo que allí ocurrió.
Toqué el timbre y unos segundos más tardes se abre la puerta. Sophie me recibe con una hermosa sonrisa.
—Hey Tom, llegaste!—dijo y me ayudó con los paquetes.
—Estoy retrasado? Disculpa—dije sin saber que hora era exactamente.
—No, son las 8.03pm.....me extraña tu puntualidad.
—Alguna vez te fallé?—pregunté y luego recordé que la última vez que nos vimos llegué casi 40 minutos tarde, pero no fue mi culpa.
—No, nunca fallaste....pero......—dijo levantando las cejas.
—Pero nada.....no fue mi culpa—dije y reimos.
—Tienes razón. Igual no importa, ya estás aquí—dijo apoyando las cosas en la cocina.
—Que lindo departamento—dije asombrado.
—Te gusta? Es chico, pero muy cómodo. Además la zona es muy segura, por eso no me importa pagar lo que pago. Se que más al norte puedo conseguir por el mismo precio un departamento más grande, pero prefiero estar aquí.
—Si, la zona es muy linda. No la conocía. Pero el departamento está perfecto para ti. El living es amplio, la cocina comedor es cómoda. Cuantos cuartos tiene?
—Tiene un cuarto grande con baño, que es el mío obviamente y uno más pequeño que lo uso de guardarropas. Y tiene otro baño más allí—dijo señalando una puerta.
—Perfecto—dije mirando a mí alrededor.
—Allí, donde está todo ese lío de papeles y cosas, quiero hacer un entrepiso, para poder atender aquí en mi casa. Ahora lo hago en el vestidor.
—Muy buena idea. Va a quedar bien. Me gusta la decoración. Es muy....muy Sophie—dije y reí.
—Y eso es bueno o malo?—pregunto extrañada.
—No, es bueno. El que te conoce, ve este lugar y sabe que es tuyo. Tiene tu touch. No se como explicarlo. Miró los muebles, las combinaciones de colores y me recuerdan a ti.
—Genial!—dijo satisfecha.
La ayudé a acomodar la comida en bandejas y en lugar de sentarnos a la mesa, pusimos unos almohadones y mantas en el suelo, cerca del gran sillón, y comimos junto a la mesa ratona del living. El vino que había elegido era muy rico e iba increíble con la cena. Los nervios se me pasaron cuando empezamos a charlar como dos grandes amigos. Me contó todo lo que había ocurrido durante los meses en que no nos vimos. Que realmente no eran tantos. Si bien sabía que estaba estudiando Make up & Hair, no sabía que tenía tan buenos contactos como para conseguirle trabajo en LA y mucho menos en el prestigioso salón donde estaba. Con la corta edad que tenía, aunque era 4 años mayor que yo, estaba escalando lentamente y con éxito. El salón era un excelente lugar para que conozcan su trabajo y para adquirir experiencia. El sueldo no era de lo mejor, pero con las propinas lograba que sea bastante bueno, tanto como para alquilar el departamento y vivir bien. Sin demasiados lujos.
Hablamos y reímos mucho. El vino de a poco comenzó a hacer efecto y me desinhibí por completo. Ya los nervios no existían y estaba más que jugado. Era a todo o nada.
Nuevamente volvió a sacar el tema de mi solitario corazón.
—En serio estás solo?—me preguntó mientras abría otra botella de vino. Ella sabía que le había mentido. Había aparecido en una revista una pequeña foto en la que estábamos Valeria, Sharon y yo de shopping. Mucha trascendencia no se dio. Inclusive las fans tampoco habían hecho mucho escándalo, sabían que Valeria era amiga de Alien, por lo que no especularon con lo que la imagen mostraba.
—Si y no—le dije, tratando de explicarme.
—Y como es eso?—preguntó acomodándose—Porque si no estás solo, no entiendo porque estás aquí.
—Estuve viendo a alguien cuando fui a LA a visitar a Ali...Lizzie. Me gusta, me siento bien cuando estoy con ella, pero la conozco solo hace 15 días....o menos.
—Pero estás con ella o no?
—Que haya pasado unos días con ella no la convierte en mi novia, o si? Sino que seríamos nosotros?—dije para escapar del asunto.
—Pero te interesa, la quieres?—insistió.
—Tan importante es eso? Estoy aquí, contigo. No es suficiente respuesta—le dije acariciando su mejilla. No me pude contener más y la besé. Enseguida respondió a mi beso y nos entrelazamos en un cálido abrazo. Sus suaves labios se perdieron entre los míos y una de sus manos acariciaba mi rostro. Eso era algo que ella hacía y que me encantaba. Era como su sello. Y admito que extrañaba ese pequeño detalle.
Suavemente separamos nuestros labios, abrí los ojos y me encontré con los suyos. Unos hermosos ojos color miel. <Que es lo que me haz hecho?> le pregunté en mi mente <Que me haz hecho para que cuando estoy contigo no me importe más nada...ni siquiera las consecuencias de mis actos?>. Pero nunca iba a saber la respuesta. Nos quedamos abrazados, mirándonos unos instantes hasta que comenzamos a hablar nuevamente. Pero esta vez de mí vuelta a Alemania y de la gira. Me senté en el sillón y ella se sentó delante de mí. La abracé muy fuerte atrayéndola hacía atrás quedando ambos recostados. Apoyé mi mentón en su hombro y llené su mejilla de besos. Entrelazamos nuestras manos y era más que obvio que no podíamos dejar de tocarnos. La mano que le quedaba libre la usaba para acariciar mi pierna, mi brazo, mis manos. Necesitábamos contacto permanente y eso nos erizaba la piel. Se acomodó quedando de costado, paso su brazo por detrás de mi nuca y nuevamente nos besamos. Esta vez para comenzar lo que habíamos dejado inconcluso un par de meses atrás. En ningún momento recordé a Valeria, en ningún momento sentí culpa o remordimiento. Solo quería disfrutar de esa noche con ella. Nos conocíamos tan bien, a pesar de los pocos encuentros que tuvimos. Pero fueron los suficientes como para extrañar pequeños detalles que eran su marca registrada. Las caricias en mi rostro cuando nos besábamos, sus dedos enroscándose en mis rastas cuando besaba su cuerpo, sus susurros en mi oído cuando quería algo. Eran cosas simples, pero con el tiempo se hacían necesarias o se extrañaban cuando con otra persona no se tenían. Cuestión de costumbre.
Me desperté recostado entre un montón de mantas y almohadones en el living de Sophie, con ella a mi lado, totalmente desnuda, durmiendo con medio cuerpo sobre el mío. Traté de agarrar la manta más cercana, la estire con la mano libre y nos tapé. Abracé a Sophie bien fuerte y me quedé mirando el techo un buen rato. Aún era de noche, probablemente la madrugada. Estiré un poco el cuello y pude ver en el reproductor de blue-ray que eran las 2am. El vino nos había hecho efecto y habíamos caído rendidos después de....bueno, después de lo que pasó. Respiré profundo y esperé a que la culpa se hiciese presente en mi pecho para ahogarme. Pero nada ocurrió. Me sentía bien. Me sentía cómodo con ella a mi lado. No la amaba, ni nada que se le ocurriese, pero no me sentía fuera de lugar como para salir escapando, como muchas veces hice. Me sentía correspondido, como cuando estaba con Valeria, pero sin sentimientos de por medio. Era algo tan raro.
Sophie se despertó y sin decirnos una sola palabra, solo con mirarnos, sabíamos que queríamos. Volvimos a besarnos, pero esta vez más tranquilos. Nos dedicamos más tiempo mutuamente. Si era una despedida, aunque ella no lo supiese, quería que quedara en mi memoria y en la suya. Aunque sabía que Sophie siempre iba a ser parte de mi vida y nunca la iba a olvidar.
Nuestras pieles estaban enamoradas, no podíamos separarnos. Teníamos que rozarnos, tocarnos, acariciarnos. No era algo que queríamos, pasaba a ser algo necesario. Era una dulce y cruel dependencia, que con la distancia y el tiempo crecía más y más. Si bien no sentía su falta, cuando la tenía conmigo me daba cuenta que había extrañado inconscientemente cada milímetro de ella. Sus ojos miel, su sonrisa dulce, sus carnosos labios rojos, su risa contagiosa, su cuerpo. <Como podía estar atento a cada detalle de alguien y no sentir amor profundo como el que sentía por Valeria? Que es todo esto, entonces?> me pregunté. <Será pasión, atracción sexual, o un enamoramiento no asumido?> La pregunta siguió dando vueltas en mi cabeza hasta que me perdí en el placer y el aroma de su piel.
Nuevamente terminamos tirados en el sillón. Transpirados, agitados, enroscados el uno con el otro. Posó su mano en mi mejilla y se acercó para besarme suavemente. Se acomodó a mi lado y se tapó con una de las mantas. Nos quedamos un rato contemplándonos.
—Me dio hambre. Quieres postre?—dijo dirigiéndose a la heladera.
—Postre? Hay postre?—pregunte—Pensé que este era el postre—dije burlón.
—Que tonto! Hay helado, torta de chocolate, bombones. Que quieres?
—Torta con helado—dije sonriendo.
—Torta con helado para el Sr. Kaulitz—dijo mientras lo preparaba.
Me levanté tapándome con una manta y me senté junto al posaplatos.
—Quieres que prepare café o té?—pregunté.
—No, deja que yo te atienda, eres mi huésped—dijo riendo mientras me acercaba a mis labios su dedo manchado de chocolate.
—Pero no me cuesta nada, ayudarte.
—No, en serio, está todo bajo control. Toma, come—dijo, alcanzándome un plato con la torta y el helado. Se dio vuelta y preparó un macchiato como a mí me gustaba. La miré y quedé sorprendido.
—Gracias por recordarlo—le dije.
—Como me iba a olvidar?—dijo apoyando los codos en la mesada y su rostro entre sus manos.
Sonrió y le acerque una cucharada de torta con helado que saboreo feliz.
—Donde compraste la torta? Está deliciosa—le dije.
—No la compré, la hice. Es una vieja receta familiar que se va pasando entre mujeres, de generación en generación. Ahora la tengo yo.
—Te felicito porque es realmente exquisita.
—Gracias, antes de irte te preparo un par de porciones para que te lleves—dijo mientras servía más café.
Cuando finalizamos con el “postre” y como puro instinto, volvimos a explorarnos, a sentirnos. Era tan difícil negarse. Era tan difícil separase. Siempre ocurría lo mismo. Siempre me dejaba llevar por el deseo y los encantos de Sophie.

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