—Como está mi cocinero favorito?—preguntó apoyando su mentón en mi hombro.
—Muy bien, como podrás ver. Casi terminando, solo nos falta armarlas cuando llegue la hora.
—Son las 7.45pm, te parece cenar para las 8.30pm? O tu mantienes los horarios de Alemania?
—No, esta bien esa hora—dije dándome vuelta y abrazándola—pongo la mesa y me voy a bañar.
—Ve a bañarte, yo pongo la mesa, ya hiciste bastante.
—Ok!—dije y le dí un beso antes de ir para la habitación.
Miré la hora y faltaban solo 5 minutos para las 8pm así que me encerré en el baño, y me quedé a la espera del timbre. Cuando este sonó me asomé disimuladamente, al ver que era mi regalo, abrí la ducha y me metí, no quería que Valeria supiese que la estaba espiando. Pude escuchar a lo lejos como ella hablaba con la persona de la entrega. Me duche rápido. Cuando salí, Valeria estaba recostada en su cama, solo cubierta por las 4 docenas de tulipanes y comiendo los chocolates. Me la quedé mirando anonadado por unos segundos hasta que una sonrisa lujuriosa comenzó a dibujarse en mis labios.
—Alguien me regalo tulipanes. Quieres sentir su aroma?—Me dijo con una mirada totalmente seductora.
—Realmente quieres que arruine todo, verdad?—le dije mientras me acercaba al borde de la cama.
—Si, quiero que arruinemos todo, ahora y muchas veces más—me dijo mientras sacaba uno de los tulipanes que le cubría el vientre, lo acercó a su nariz para olerlo y dejarlo caer delicadamente al suelo.
—Estás segura?—le pregunté y besé sus muslos descubiertos.
Cerró los ojos mientras echaba la cabeza hacia atrás. Pude notar que se le erizaba la piel.
—Si, muy segura—dijo casi en un susurro.
Lentamente fui retirando los tulipanes y depositando en su lugar un beso. El cuerpo de Valeria se contraía de placer. Por primera vez en mi vida, me dedique a algo más que a preocuparme por disfrutar. Por primera vez comencé a disfrutar haciendo disfrutar. No era sexo casual y rápido. Quería tomarme todo el tiempo necesario para recorrer cada centímetro de su perfumada y suave piel y conocer cada uno de los rincones de su cuerpo. Cuando solo quedaba el tulipán de entre sus pechos, lo quite y reposé mi oído. Quería escuchar el latido de su corazón y el ritmo de su respiración. Era tan hermoso ese sonido. Sus piernas se abrieron invitándome a poseerla, pero aún no quería. Quería acariciarla, besarla y amarla por completo. Sus manos recorrían mi espalda, bajaron hasta mi cintura y arrancaron la toalla que me cubría. Mi boca se había posado en su cuello enloquecida por su sabor y aroma. Cuando nuestros labios se encontraron los de ella aún preservaban el sabor dulce del chocolate que había comido y la saboree. Sus manos estaban clavadas en mi espalda y cintura. Tantos días de pasión e instinto sexual reprimidos estaban a punto de estallar, pero aún no quería que eso ocurriera. Quería que fuese algo especial, distinto. Aunque el hecho de que ella haya tomado la iniciativa después de casi una semana de provocaciones e histeriqueos, lo hacía distinto. Recorrí cada centímetro de su cuerpo con mis manos. Podía sentir cuanto lo disfrutaba. Sordos gemidos escapaban de sus labios y eran depositados en mis oídos. La adrenalina me estaba dominando. Era la primera vez que me detenía para disfrutar algo tan simple como un suave gemido. Casi desesperada, me abraza con sus piernas. Sabía que ya no me podía resistir, que con que solo moviese las caderas unos centímetros lograría su cometido. Y lo hizo. Ambos por unos segundos contuvimos la respiración para luego soltarla en un gemido de placer. Sus piernas se apretaban cada vez más fuerte a mi cuerpo y sus dedos se clavaron en mi espalda produciendo algo de dolor. Apoyé mi codo al costado de su hombro y comencé a moverme de manera suave mientras la miraba. Su cara reflejaba solo placer. Permanecía con los ojos cerrados y la boca entreabierta, permitiendo que pequeños susurros escapasen. Me causaba placer verla disfrutar. Jamás pensé en descubrir algo así. Cuando abrió los ojos y me descubrió mirándola, se sonrojo y sonrió. Le devolví la sonrisa y la besé. Mi cuerpo comenzó a moverse cada vez más rápido. Pero ella con sus piernas enroscadas en mi, controlaba los movimiento, haciendo la experiencia mucho más excitante. Mientras recorría sus caderas, nuestras manos se encontraron y se unieron. Nuestros labios se separaron y nuestros ojos se abrieron. La miré sin dejar de moverme. Estaba contemplando a la mujer de mi vida. A la mujer perfecta. Bella por dentro, bella por fuera. A la que hizo que se despertaran en mí sentimientos y sensaciones que creía perdidas. A la mujer que por primera vez me desmostró la diferencia entre hacer el amor y tener sexo.
En ese mismo instante en el que un escalofrío recorrió mi cuerpo, ella cerró los ojos y comenzó a apretarme más fuerte contra su cuerpo. Recosté mi rostro en su cuello, la abracé como pude hasta que un suave y placentero temblor se apoderó de nuestros cuerpos y ella aflojó sus piernas, dejándolas reposar en la cama. Tomé nuevamente su mano y la apoyé entre su pecho y el mío. Podíamos sentir nuestros corazones latir totalmente acelerados. Con la otra mano ella acariciaba mi espalda. Cuando nuestras respiraciones volvieron casi a la normalidad, me recosté a su costado. Mirándola. Tocándola. Acariciándola. Nuestros ojos se encontraron. No necesitamos de palabras para darnos cuenta que sentíamos. Sus ojos brillaban. Se sonrojo y me sonrió. Acaricié sus mejillas con la yema de mis dedos y acomodé su pelo detrás de la oreja. Volvió a sonreír, pero esta vez sus ojos se iban cerrando. Levantó su mano y la apoyó en mi cintura. Suavemente su respiración se volvió normal y mínima. Se había dormido. Traté de alcanzar las sábanas y nos tapamos. Me acerque un poco más a ella. Tanto que respiraba su dulce aliento. La rodee con mi brazo y cerré los ojos hasta dormirme.
Una sensación rara, pero agradable me despertó. Abrí los ojos y me encontré con el rostro de Valeria que aún estaba a mi lado, acariciándome.
—Todo un record Casanova. No te has escapado—dijo suavemente pero a modo de broma.
La tomé por la cintura acercándola más a mí hasta que nuestras bocas solo quedaron a milímetros.
—Nunca me podría escapar de ti—le dije y nos besamos. Nuevamente la pasión se despertó en nosotros y en segundos me dí media vuelta con ella encima mío. Automáticamente abrió las piernas ubicándolas a los costados de mi cadera y se incorporó un poco, quedando semi sentada. Sin preámbulos y dejando que toda nuestra pasión escapara de manera deliberada nos unimos. Casi desesperadamente nuestras bocas se besaran como si fuese la última vez. Nuestros cuerpos se movían, y otra vez ella dominaba la situación desde su posición. Mis manos en su cadera acompañaba el ritmo mientras nuestras bocas aún se saboreaban. De pronto mi mente me jugó una mala pasada. Me recordó a todas aquellas chicas con las que había estado. Me recordó que así, de esa manera descontrolada y casi salvaje solía tener sexo con ellas. Y me detuve de golpe. <No, ella no es cualquiera> pensé.
—Estás bien, Tom?—me preguntó preocupada.
—Si....no, estoy arruinando todo—le dije preocupado.
—Arruinando? Tom, no estás arruinando nada. Estamos aquí y ahora porque ambos lo queríamos.
—Si, pero así.......así es como trataba al resto. Eran muñecas que solo me daban placer. Yo no quiero eso contigo. Quiero lo que tuvimos hace un rato, esa conexión, esas sensaciones.
—Y las tenemos y las vamos a tener, esto es lo mismo....con menos preámbulo—dijo torciendo la boca—pero en definitiva es lo mismo. Mis sentimientos son los mismos que antes. De manera más suave o más pasional es el mismo sentimiento.
—No quiero que pienses que eres una más. Eres distinta, eres muy especial para mí. No quiero arruinar las cosas.
—Tom, estuviste una semana cortejándome, mimándome, haciéndome sentir una reina, absteniéndote del sexo para demostrármelo....cuantas pueden decir lo mismo? Eso es lo que me terminó de convencer, me gustas mucho y creo que me estoy enamorando—dijo algo avergonzada—Se que es pronto para decir algo así, pero es lo que siento. Mi corazón me dice que contigo es con quién quiero estar y no me importa nada de tu pasado. Yo se quién eres y lo que sientes. No quiero que dejes de ser el Tom de siempre para demostrarme algo. Me gusta el Tom seductor, descarado, mujeriego...solo metafóricamente—dijo frunciendo el seño—me enamoré de ese Tom y....
Sin que pudiera terminar de hablar la tome de la nuca y la callé con un beso. Nuestros cuerpos comenzaron a sentir nuevamente el calor de la pasión y comenzaron a contornearse al mismo ritmo. Como si se conociesen hace tiempo. Me incorporé hasta quedar sentado. Nuestras bocas no se separaron en ningún momento. Sus manos se clavaban en mi espalda y las mías aún seguían en su cadera acompañando el ritmo. Besé su cuello hasta llenar mi boca del sabor de su piel. Acaricié su espalda produciéndole escalofríos. Me miró y sonrió. La apreté muy fuerte a mi cuerpo hasta que el suave hormigueo que nos recorrió culminó y nuestros cuerpos se volvieron a aflojar. Cansados nos recostamos boca arriba y nos tomamos de las manos. Permanecimos así hasta que volvimos a recuperar el aliento. Se incorporó a medias y me beso.
—Me voy a duchar, vienes?—me dijo mientras caminaba desnuda hacia el baño.
—Obvio, pensaste que te ibas a salvar?
Me sonrió y una vez más nos amamos. Porque eso era lo que en definitiva ella me había enseñado.....a Amar.
A la 1am estábamos ambos en la cocina preparándonos las pizzas. Estábamos hambrientos y a Valeria no le molestaba demostrarlo. Ese era otro punto que adoraba de ella. Comía. Y a la par mía. Estaba harto de las que vivían a agua y apio, de las que comían como pajarito y de las que le sacaban una radiografía a la comida indicando cantidad y porcentaje de calorías, hidratos de carbono, grasas etc. Valeria era la combinación perfecta de muchas cosas que me agradaban de una mujer y que nunca estaban en una sola. A medida que descubría cosas, me convencía más de que ella era la indicada.
Puse música suave, prendí las velas de la mesa, abrí un rico vino y nos sentamos a cenar. Por unos minutos solo comimos y nos miramos. Me sentía raro. Nunca había compartido mucho tiempo con una chica después de haber tenido sexo. Algunas veces se quedaban un rato más, pero normalmente en la madrugada o a primera hora de la mañana, si es que la había conocido en una fiesta, se iban. La única que se quedó más tiempo fue Sophie, esa chica que me esperó en la puerta de la habitación, pero fue un caso particular. Habíamos tenido mucha piel, demasiada. Y encontrarnos a escondidas luego de esas 36 horas gloriosas lo hacía más excitante.
Durante la cena bromeamos un poco y recordamos que habíamos alquilado la película por cable.
—Tienes ganas de mirarla?—le pregunté.
—Si, yo no tengo sueño. Pero si no quieres la miramos mañana, hasta las 6pm está disponible.
—Yo también estoy desvelado, mirémosla—le dije. Por lo que primero acomodamos la cocina, lavamos los platos y preparamos una bandeja con té y varias cosas dulces como galletitas, chocolates, porciones de torta que habíamos traído de la casa de Alien y alguna que otra golosina que había comprado. Lo más importante ya estaba en el sillón. Una caja de pañuelos descartables. Era sabido que Valeria iba a llorar, y probablemente a mí se me escape alguna lágrima también. No me extrañaría con todas las cosas nuevas que estoy aprendiendo.
La película finalizó y Valeria era un mar de lágrimas.
—Malo, no había una película más triste?—dijo entre sollozos
—Malo? Si es una película re linda. Al final el amor triunfa, o acaso no es eso lo que les gusta a las mujeres?—le dije abrazándola.
—Si, pero igual es triste, ella no lo recuerda y el la sigue amando y.....—y antes de que pudiera terminar de hablar nuevamente el llanto ahoga sus palabras.
—No, mi vida, no llores por favor. No sabía que te ibas a poner así. Pensé que solo te emocionarías un poco. Que tonto fui!—dije y la apreté más contra mi cuerpo.
—No es tu culpa, yo soy demasiado llorona—dijo acomodándose y secándose las lágrimas con las manos.
Agarré un pañuelo descartable y le seque las lágrimas. Me sentía culpable.
—Perdona, pensé que la historia de amor te iba a gustar—le dije tomando su mentón y elevando su rostro para que me mirase. Tenía lo ojos rojos y húmedos. Me partía el corazón. La abracé muy fuerte y en ese momento me di cuenta de algo. <Dios! Que me pasa? Desde cuando siento pena por una chica que llora??> pensé. Respiré profundamente. <Mi hermano tenía razón, el amor puede cambiar a las personas> me dije y sonreí.
—No te hagas tanto problema. Ya se me va a pasar. Y gracias.....fue muy linda la película, triste, pero linda y me encanta que la hayas compartido conmigo. El mensaje de la película es muy hermoso y es un sentimiento compartido—dijo y se escondió entre mis brazos.
Le preparé un té y después de un rato de hacerle chistes y bromas tontas estaba mucho mejor. Para las 4am, mientras yo terminaba de mirar un partido de fútbol, Valeria se quedó dormida a mi lado. Apagué la tele, suavemente la alcé en mis brazos y fui apagando todas las luces. Llegue a la habitación, la recosté en la cama, le quité las calzas y las botas, la tapé y me acosté a su lado. Mis movimientos la despertaron. Me miro con los ojos apenas abiertos y se acomodó hacia mi lado.
—Te amo—me dijo colocando su mano sobre mi cintura.
—Yo también—le respondí y besé su frente. Apagué la luz, la tomé de la cintura acercándola bien pegada a mi cuerpo y nos dormimos.

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