La semana de visita de los chicos se paso demasiado rápido para mi gusto. Cuando me estaba acostumbrando a sus presencias, debían irse. Mañana sábado por la noche tomarían el avión hacia LA para continuar con la grabación del cd. Por lo que Helen nos adelantó un día de vacaciones y Tom pasaría todo el día con Valeria y yo con Bill. Mañana hasta que se vayan estaremos todos juntos. Los G’s estaban desesperados por regresar a Alemania. Extrañaban mucho a sus novias, pero sabían que aún les quedaban 1 semana más de grabaciones, por lo que las llamaban todos los días. En varias ocasiones me quedé charlando con Jessica. Hacía mucho tiempo que no la veía y cuando volví de LA fue mi gentil conmigo. Me llamaba todos los días para saber como andaba e inclusive me visito en Argentina cerca de fin de año. Habíamos creado un lazo bastante fuerte a través de la distancia. Con las que no tenía mucho contacto últimamente era con Vico, con Jess, con Luz y con Clara. Las extrañaba muchísimo a todas. Por lo que les mandé un mail a cada una contándoles un poco como iban las cosas y para decirles que tenía planeado visitarlas en cuanto tuviese algunos días libres. En unas 3 semanas tendría el receso de medio año y quería aprovechar para viajar primero a Alemania a ver a las chicas y a la gente del staff que también extrañaba. En el receso siguiente visitaría a Vico, Jess y mi familia.
Luego de compartir el desayuno Tom se fue de Valeria, los G’s de shopping y Bill y yo quedamos solos. Queríamos pasar el día juntos sin necesidad de estar saliendo. Por lo que puse un poco de música y mientras él acomodaba el living yo me puse a lavar lo del desayuno. Una vez que terminamos, nos sentamos en el sillón. Charlamos, reímos, nos mimamos. Pensar que mañana se iba me ponía triste, pero ya estaba acostumbrada a estas despedidas y traté de disfrutar al máximo el tiempo que nos quedaba. Me ayudó a actualizar la página del FCM con algunas de las fotos que se habían sacado en NY y dejó una nota para las fans. Después, por primera vez en todo este tiempo que estábamos juntos, me cocinó. Algo de lo que no creí que fuese capaz. Como él era vegetariano preparó un omellete de queso y un colchón de verduras salteadas en el wok. Estaba todo tan rico que no extrañe la falta de carne en el almuerzo, algo raro en mí. De postre comimos una porción de torta que nos había quedado del día anterior y tomamos un té. Cerca de las 2pm, mientras Bill hablaba por teléfono con Isobel, aproveche a ducharme. Cuando salí, él ya estaba recostado en mi cama, esperándome. Se levantó un poco, apoyándose en sus codos.
—No sabes lo tentadora que te ves con el cabello húmedo y envuelta en esa toalla—dijo levantando una ceja.
Me sonroje por unos segundos y lo miré mordiendo mi labio inferior.
—Y con el cabello húmedo y sin toalla?—le pregunté traviesa, dejándola caer al suelo.
Se reincorporó y se acercó a los pies de la cama. Me atrajo hacia él apoyando sus manos en mi espalda a la altura de la cintura y colocó su boca sobre mi tatuaje. Lo beso, con sus yemas lo acarició suavemente y levanto la cabeza para mirarme. Clavo sus hermosos ojos en los mío y un escalofrío recorrió mi columna vertebral. Lentamente me perdí en él, como siempre me pasaba. Su magnetismo era incorruptible. Me tenía hechizada desde el primer día que nos vimos y no había antídoto para eso. Una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro y suavemente se puso de pie. Colocó una mano en mi espalda, la otra detrás de mi nuca y me besó suavemente. Me besó de esa manera que hacía que mis piernas se aflojaran. Sus calientes labios envolvieron mi boca y la saborearon, como si nunca lo hubiesen hecho. Su lengua se abrió paso suavemente y se encontró con la mía que la recibió sedienta. Sus dedos se clavaron en mi cintura. Con ambas manos sostuve su rostro mientras nuestros besos se hacían cada vez más pasionales. Mi cuerpo estaba completamente pegado al suyo. Era casi imposible separarnos. Lentamente y con mi ayuda, se quitó la remera quedando solo en bóxer. Podía sentir cuan excitado estaba cuando nuestras cadera se acoplaron. Mis manos recorrían cada centímetro de su piel, mientras su boca se clavaba en el hueco de mi cuello. Allí perdí el poco sentido común que aún me quedaba. El deseo me dominaba y la pasión se apoderó de todo mi cuerpo. Los gemidos escapaban de mi boca de manera espontánea e inevitable. Inclusive debí morderme el labio en varias ocasiones. Bill se sentó en el borde de la cama y comenzó a besar mi pecho y mi vientre. Mis manos se enredaron en su cabello intentando que su boca no se separe de mi piel, se sentía demasiado bien. Abrí mis piernas y me senté sobre él. Tome su cabello y eche su cabeza hacia atrás dejando libre su cuello. Mis labios sedientos de su piel y olor, cual vampiro sediento de sangre, se clavaron en el hueco de su cuello. Mi lengua comenzó a saborearlo suavemente hasta que un gemido de placer escapó de sus labios. Su respiración se hizo cada vez más acelerada. Sus manos estaban clavadas en mi cadera apretándome contra su cuerpo. Aún tenía su bóxer puesto pero su excitación se hacía notar cada vez más. Suavemente lo fui recostando y con mis labios recorrí cada centímetro de su pecho, cubriéndolo de besos y pequeños mordiscos. Sus lunares me hacían delirar. <Eres tan endemoniadamente sexy!> susurré. Me excitaba cada parte de su cuerpo. Sus lunares, sus tatuajes, su olor, su calor. Todo era una trampa deliciosamente mortal para mis sentidos. Y adoraba eso con locura. Era tan perfecta la química que teníamos que cualquier sutil o suave movimiento de Bill era un explotar de hormonas para mí. Me volvía literalmente loca. Sexualmente loca. Algo que jamás me había ocurrido y que era casi inentendible, porque junto a ese impulso de manía sexual había una sensación de pertenencia, de bienestar, de amor. Había una sensación de que era correcto, que no había nada de malo en lo que me pasaba por la cabeza cada vez que Bill me provocaba, porque era AMOR. Ese deseo sexual era la forma corporal de lo que sentía dentro de mí. Era la forma de llevar a la práctica todo lo que siempre le decía con palabras. Era la representación física del “te amo” que nos decíamos cada día y que sentíamos en nuestros corazones y en nuestras almas.
Cuando llegué con mi boca a su vientre, le quité como pude el bóxer. Suavemente volví a subir por su cuerpo hasta llegar a su boca. Nos miramos unos segundos mientras volvía sentarme encima de él, uniéndonos. Sus ojos brillaban y su sonrisa apareció una vez más deteniendo mi respiración. Sus manos bajaron a mi cadera acompañando el ritmo de nuestros cuerpos. Apoyé mi mano en su mejilla y lo acaricié mientras no dejábamos de mirarnos.
—En que piensas?—le pregunté casi jadeando.
—En que no quedan dudas que contigo es con quien quiero y debo estar—dijo tragando saliva y respirando de manera entrecortada.
Sonreí satisfecha y nuestros labios se volvieron a unir en un beso totalmente pasional. Me reincorporé sin perder el ritmo y apoyé mis manos sobre las suyas que aún seguían en mis caderas. A medida que pasaban los segundos nuestro ritmo aumentaba y casi era imposible evitar que los gemidos escapasen de nuestros labios. Cerré los ojos y me dejé llevar por el placer y por el calor de sus manos recorriendo mis caderas y piernas. Me sentía la mujer más dichosa y feliz del mundo. Estaba con quién quería y con quién debía estar. Había encontrado a mi alma gemela sin siquiera saber que tenía una hasta que lo ví a Bill. No me cansaba de repetir y de agradecer lo afortunada que la vida había sido conmigo. En ese momento, en que nuestros cuerpos eran uno, en que nuestro amor era uno, en que nuestras almas eran una.....en ese momento me juré y le juré tácitamente que jamás nos separaríamos, que nuestras almas se pertenecían y que estaríamos juntos por el resto de la eternidad.

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