Music to ♥

domingo, 16 de enero de 2011

Capitulo 8 (4ta. parte)



Cada uno se dirigió a sus juegos favoritos, menos la montaña rusa a la cual habíamos prometido ir todos juntos....Bruni incluido. Georg y Jessica se dirigían juntos al Pulpo, un juego que como su nombre lo indica, es un pulpo y en cada tentáculo hay un carrito con asiento. El pulpo gira, los tentáculos suben y bajan y el carrito también gira...algo bastante vomitivo para mi gusto. Gustav y yo nos fuimos a las hamacas voladoras....menos vomitivo que el Pulpo y los Twins se fueron directo a los autitos chocadores. A medida que probábamos los juegos cambiábamos de pareja. En un momento en el que quedé sola porque todos habían subido al Martillo (una especie de martillo gigante que en cada extremo tenía una serie de carritos, tipo teleférico, y que mientras subía uno de los extremos a más de 100 mts de altura el otro extremo bajaba), lo cual me recordaba a las bombas petroleras por su movimiento, lo tomé a Bruni por el brazo y sin darle tiempo a reacción lo llevé al Samba conmigo. Le pedí a la chica que lo manejaba que nos pusiera música divertida mientras nos zarandeaban de un lado a otro. Bruni no podía sostenerse del ataque de risa. Mis dedos me dolían de hacer fuerza para no caerme. Todo eran golpes y risas. Comenzamos sentados juntos y terminamos uno enfrentado a otro. Fue increíble. Cuando el Samba frenó y nuestras risas nos permitieron incorporar, nos dimos cuentas que estaban todos, absolutamente todos, observándonos y filmándonos muertos de risa. Sin darnos tiempo a bajar, subieron todos, por lo que Bruni y yo no nos hicimos rogar mucho y nos quedamos. La música en alto, todos sentados de costado agarrados con una sola mano para hacerlo más emocionante y el Samba comenzó a sacudirse y a girar suavemente......fue un momento que jamás olvidaré. Las caras de los Twins muertos de risa. Bill sacudiéndose de un lado a otro. Era tan flaco que su cuerpo no era lo suficientemente pesado para mantenerse sentado, siempre terminaba encima de Tom. Gustav y Anna totalmente tentados con sus piernas de un lado a otro como muñeca de trapo. Georg y Jessica quedaron enroscados contra Bruni que estaba a su lado. Y Tom soportando no solo a su hermano, sino a mí también. Nos habíamos sentado juntos, por lo que él se llevó la peor parte, pero no pareció importarle porque no podía parar de reír. Entre la risa, los golpes y sacudidas del juego y la fuerza hecha para mantenernos en nuestros lugares, bajamos muy adoloridos y débiles. Pero sin quejarnos, nos miramos sabiendo que más tarde volveríamos. Les conté que en los parques de Argentina éste era un juego muy popular y que era uno de mis preferidos. Era la primera vez que ellos subían, no todos los parques tenían un Samba y era algo nuevo para todos ellos, pero quedaron fascinados. Imaginaban lo que sería un día de parque normal, con el Samba lleno de gente ajena a uno y cayendo unos sobre otros sin poder evitarlo y muertos de risa. Les dije que era increíble.
Probamos un par de juegos más. Como un laberinto, una carrera de karting y un escalador para luego parar un rato a almorzar. Mientras lo hacíamos los chicos hablaban de hacer un recital acústico, pero debían ponerse de acuerdo ya que en ese caso Gustav no podría tocar la batería, serían solo Tom y Georg en guitarras y Bill cantando. Gustav no tuvo problemas y obviamente todos coincidieron en que se sentaría los cuatro en el escenario y el se encargaría de los coro. Una vez de acuerdo en ello, se pusieron de acuerdo en que canciones y en que tonos para hacerlas más lentas. Ensayaron un poco a capela, entre sándwiches y ensaladas. Anna obviamente registro todo con la cámara. Mientras ellos terminaban me fui con Jessica, la novia de Georg, a una tiendita en donde una adivina tiraba las cartas y leía el futuro. No era de creer en ello, pero me divertía. Ni bien me senté, la adivina me miró a los ojos, tomo mi mano y dijo: “Lo que vas a hacer no solo le partirá el corazón, sino que tu corazón también sufrirá las consecuencias. No se podrá recuperar nunca. Se dividirá en dos y una parte se ira con él. Hasta que no vuelvan a juntarse no serás feliz ni estarás completa. Si quieres que esté bien, quedate a su lado. No soportará tu perdida y la culpa te perseguirá.” Quité mi mano de la de ella, como si me quemase. Mis ojos estaban desorbitados. Jessica me miraba sin entender nada, pálida del miedo. Lentamente me paré y volvió a tomar mi mano, la miré y dijo “Hazme caso, las almas gemelas no deben ser separadas, sino vivirán infelices hasta que se vuelvan a unir.” Me quedé helada unos minutos y cuando reaccioné, estaba caminando afuera de la tienda, tomada de los hombros por Jessica. Tom, al verme tan pálida y con los ojos desorbitados, se acerco a ayudarme.
Alien?? Estás bien? Que sucedió Jessica?
—No lo sé—respondió confusa—la adivina la tomo de la mano y le dijo algo de que las almas gemelas no se deben separar, que sino serán infelices hasta que se vuelvan a unir.....
—Alien??—me dijo y levanté la vista para mirarlo, aún las palabras retumbaban en mi mente. Tragué saliva y le contesté.
Estoy bien, es que me asustó un poco—le dije.
Que es eso que te dijo de las almas gemelas?—preguntó Tom.
No recuerdo, porque apenas me toco la mano, un escalofrío recorrió mi cuerpo y no escuche nada de lo que decía, el miedo bloqueo mis sentidos.
Bill se aproximo corriendo, había ido a ver el escenario y cuando me vio en ese estado se asustó.
—Estoy bien, en serio. Tomo un poco de agua y seguimos con los juegos, si es que uds terminaron.
—Si, si, vamos. Vamos Tom—dijo mirándolo, quien se quedo hablando con Jessica y me miraba con ojos desconfiados. Otra vez, esa mirada y otra vez un escalofrío por la espalda. Debía hablar con Tom, no quería que desconfié de mi de esa manera...me dolía, y mucho.
Traté de relajarme y disfrutar lo que nos quedaba de la tarde. La gente ya se agolpaba en la entrada del parque para el recital, aunque aún faltaban varias horas.
Casi sin pensarlo, todos nos volvimos a dirigir hacia el Samba, pero esta vez sin Bruni quién se quedo filmándonos desde abajo. Luego de recorrer el parque llegó el momento esperado. La gran Montaña Rusa nos estaba esperando. Era increíblemente monstruosa. Realmente daba miedo y ahora que era el momento de subir, me daba más miedo. Bill quería ir adelante de todo, obviamente que no era lo que yo deseaba, por lo que me acomodé en el segundo carro, atrás. Junto a Bill se acomodó Gustav, detrás de ellos Georg y Jessica. Delante de mí Anna y Bruni, junto a mí Tom y en los carros de atrás los dos de seguridad y algunos de los operadores de los juegos. Antes de que los carros comiencen a trabar las barras de seguridad, Bill se baja, se acerca a mí y me besa a modo de trágica despedida. Tom reía nervioso, Bruni y Anna estaban duros. La adrenalina se manifestaba de distintas maneras. Trabadas las barras y todo en orden para arrancar, comenzaron los gritos de euforia. Las manos en alto a pedido del operador y el carro comenzó a moverse suavemente hacía atrás.
La particularidad de esta montaña rusa es que no continuaba de manera que ambos extremos se unían. Era como una C (igual a la foto de aquí!), los extremos estaban separados. Los carros, primero se elevaban a la cima marcha atrás, por lo que los del último carro estarían elevados al máximo. Una vez allí, una explosión a modo de aviso y caía alcanzando la velocidad suficiente para subir e inmediatamente tomar una curva, un tirabuzón doble y volver a caer con fuerza hasta elevarnos a la otra cima, en donde ahora el primer carro quedaba arriba de todo. Los últimos metros subiendo lentamente y otra vez todo el camino marcha atrás.
Cuando estaba alcanzando la altura debida, Tom me mira. Ambos estábamos cayendo de nuestro asientos hacia adelanta por la inercia, nos agarramos de las manos y nos miramos a modo de “en que estabamos paensando para subir aquí??!!” y nos sonreímos nerviosos, producto de la adrenalina que corría por nuestros cuerpos. Segundos después estábamos gritando y cayendo y girando y volviendo a caer y a elevarnos en la cima nuevamente. Mientras los carros subían para hacer el recorrido marcha atrás, estábamos todos extasiados y a los gritos. Bill gritaba mi nombre y el de Tom. Bruni gritaba “me quiero bajar” y todos reíamos nerviosos. Una explosión y otra vez caíamos....hacía atrás. La presión me hundía en el asiento. La impresión no era como cuando se cae hacia delante, pero si por la imposibilidad de moverte. Era tanta la presión que ejercía la caída que no podías despegarte del asiento aunque quisieses. En pocos segundos estábamos nuevamente en la salida. La reacción tardo en llegar, pero luego comenzamos a los gritos, los aplausos. La adrenalina era más fuerte, era un constante fluir de emociones, de energía, de no querer parar. Me pare y miré a Emilio que junto a mí y los operadores, en español, comenzamos a decir “Una más y no jodemos más”. El resto nos miraba sin entender, entonces les explique que es lo que se decía en un recital cuando solicitábamos un bis para que no se acabe el show. Tom comprendió que era lo que en Madrid habían cantado a coro las chicas del estadio. Entonces tratando de repetir en un español muy trabado comenzaron a cantar con nosotros. Cuando el operador nos hizo las señas, volvimos a poner las trabas y a prepararnos para una nueva vuelta.

1 comentario:

  1. bueno io tmbien tengo blogg y me gustaria q como escritora me dierai tu opinion por q me gusto lo q escribiste aunq io escribo poemas espero te gusten aqui te dejo el link http://darkangel-96-love.blogspot.com/

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