Music to ♥

miércoles, 12 de enero de 2011

Capitulo 8 (2da. parte)


Entra Tom y le explica lo que sucede antes de que yo pudiera hacerlo.
Le debías una cita como corresponde a Alien, así que ella tuvo la idea de la cena en un lugar privado y yo tuve la idea de la ambientación....lo cual es una sorpresa para ambos por lo que veo—dijo mirándome.
Si, me sorprendió enormemente. Tienes muy buen gusto Tom—le dije sonriendo.
Gracias. Bueno, los dejo disfrutar de la cena y la noche.
—Y a donde vas tú?—preguntó Bill.
Me están esperando, por lo que me llevo el auto—dijo sonriendo de costado.
No te hagas problema, Bruni nos vendrá a buscar. Pásalo bien y cuídate—le dije un poco....celosa?? No importaba, todo se me olvidó cuando Bill me miró a los ojos.
Estás.....estás.....—repetía.
Que?? Tan mal estoy que no puedes ni pronunciarlo?—le dije mordiéndome el labio.
Es que no encuentro las palabras. Es verdad cuando digo que no eres de este mundo, Alien. Eres hermosa y esa ropa resalta tu belleza. Estoy embobado—dijo sonriendo, mientras se acercaba para tomarme de la cintura y besarme suavemente.
Que es todo esto?—me preguntó.
Como dijo Tom, me debías una verdadera cita, así que acá estamos.
—Eres increíble! Me han engañado muy bien con Tom. Igual no sabes que bien me viene esto—dijo desplomándose en el sillón—estoy agotado física y mentalmente.
Espero que no mucho físicamente—dije acercándome para besarlo.
Con ese vestido soy capaz de sacar fuerzas de donde no tengo—dijo riendo.
Nos acomodamos muy juntos en el sillón y los primeros 20 minutos no paramos de tocarnos y besarnos. Lo extrañaba, necesitaba tanto y lo tenía para mí sola. Luego nos sentamos muy juntos para pedir algo de comer. Sencillo para no tener que sentarnos en la mesa. Nos trajeron una bandeja con frutos del mar, verduras, quesos y vino. Lo cual debo decir que estaba exquisito. De postre obviamente tortas y helado más todas las cosas que había en la mesita (yummy bears y frutas). Yo no podía para de tomar lemonChamp, (helado de limón con champagne) sabía que luego me dolería la cabeza por el alcohol, pero no me importó, era tan rico!
Nos pasamos la velada mimándonos, besándonos y riendo. Le conté algunas anécdotas de mi vida y él un par de las suyas con Tom cuando eran niños.
Cuando quisimos darnos cuenta era bastante tarde. Le envié un mensaje a Bruni para que nos venga a buscar.
Cuando salimos del reservado, enseguida Betina y Jörg se acercaron para preguntar como había sido la velada y si había estado todo bien. Obviamente que quedamos encantados con el lugar y la reserva que tenían con sus comensales, por lo que la propina para ambos iba a ser importante, me comentó Bill. Cuando estábamos por darle la tarjeta de Christie para que envíen la cuenta, me di cuenta de que los chicos rara vez salían con dinero encima o tarjeta de crédito. Pero era mi cita y mi invitación, yo tenía dinero para pagar, a pesar de que había sido un restaurante de lujo, pero Bill no me lo permitió y sabía que Tom tampoco, ya que Betina  se encontraba al tanto de que debía contactarse con Christie.
Minutos más tarde llega Bruni a buscarnos. Se notaba que había estado durmiendo, por lo que no lo quisimos demorar y le pedimos que nos lleve al hotel. Gentilmente nos dio un pequeño paseo por la ciudad a la luz de la luna. Había sido una velada perfecta. Necesitaba tanto compartir tiempo a solas con Bill. Necesitaba dejarle en claro, de manera tácita, que aunque me iba, no era por no amarlo. Todo lo contrario era porque lo amaba con cada célula de mi cuerpo. En el hotel debimos entrar por detrás ya que en la puerta quedaban acampando algunas fans. Nos despedimos de Bruni y subimos a mi habitación. Pero antes pasamos por la que el compartía con Tom, para ver si había llegado. Pero al entrar descubrimos que no estaba. Era tarde como para que él esté aún fuera. Lo llamamos al celular pero no contestó. Hablamos con la gente de seguridad que estaba de turno noche y nos dijeron que nos quedáramos tranquilos, que Chester y su seguridad habían salido con él.
Por lo menos no estaba solo y eso nos tranquilizó. Le dejamos una nota recordándole la salida de mañana y que si quería lo esperábamos a las 8.30am para desayunar en mi habitación. Bill tomó ropa deportiva y nos fuimos para mi cuarto. Al entrar me encontré con un gran ramo de rosas y una botella de champagne fría. Evidentemente Tom pensó en todos los detalles. Mientras Bill servía en las copas me quité los zapatos y me recosté en el sillón. Automáticamente y casi sin darme tiempo de asimilarlo, Bill estaba encima de mí besándome apasionadamente. Era increíble la química que teníamos, la piel. Su boca recorría mi cuello y mi escote. Mi mente quedó en blanco, rodeada de un manto de sensaciones y placer. En ese momento éramos uno. Podía entender lo que quería con solo mirarlo a los ojos. No necesitábamos de palabras. Sus manos podían leer mi piel y saber que es lo que estaba sintiendo, necesitando. Nos fusionábamos de manera perfecta, éramos un solo cuerpo disfrutando y extasiado. El deseo nos envolvía en su espesa niebla, flotaba en el aire. Cualquiera que estuviese en esa habitación podía palparlo, sentirlo en su piel. Necesitaba dejarle en claro cuanto lo amaba. Nuestros cuerpos se contorneaban y movían, danzaban al son del amor. Era tan perfecta nuestra unión, que solo podía sentir felicidad. Por momentos sentía mis ojos llenarse de lágrimas. Me encontraba tan plena que no tenía otra manera mejor de expresarlo que con lágrimas clara, puras y llenas de gozo.
Sus manos acariciaban mis piernas, subiendo lentamente hasta descubrir mi portaligas. La reacción fue instantánea. Se detuvo, levantó la cabeza de entre mi cuello, me miró y con una sonrisa llena de picardía solo dijo tres palabras que resonaron en mis oídos como el cantar de un ángel: “Me gusta eso”. Mi cara se sonrojo inevitablemente y pronto sus labios se volvieron a encontrar con los míos. Pequeños mordiscos en mi labio inferior hacían explotar dentro de mí una sensación de júbilo y éxtasis. Quería que la noche no terminase nunca. Quería que siempre fuese así, que Bill nunca deje de amarme de esa manera tan pasional. No quería soltarlo. Era demasiado hermoso todo.

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