Narardo por Lizzie
Cuando Tom se fue a descansar y a pensar en lo que iba a hacer con Valeria, Bill y yo nos fuimos para el cuarto a recostarnos un rato. Me duche para sacarme el calor y el cansancio corporal y me puse la remera que me había regalado Tom cuando estuve internada en LA. Me gustaba porque era muy fresca y lo suficientemente larga como para no tener que usar ropa interior. Me recosté junto a Bill que estaba mirando una serie en la televisión y un suspiro de alivio se escapó de mis labios.
—Aaaaaaaaah!—suspiré.
—Que pasa, cariño?—dijo Bill envolviéndome con sus brazos.
—Necesitaba recostarme, me sentía muy cansada. Apoyarme en la cama fue como estar en el paraíso—dije riendo por mi exageración, pero en ese momento lo sentía así.
—Le comentaste al Dr. Mars de tu cansancio?
—No, porque me parece que es algo normal, sobretodo teniendo anemia que es lo que más contribuye a ello.
—Igual deberías comentarle, quizás te cambia la medicación o te diga que puedes comer para que te de energía.
—Para la próxima consulta tú estarás conmigo, así que no será problema si se me olvida comentarlo—dije y asintió. Quedamos en silencio unos minutos hasta que por fin dijo algo, cuando me estaba quedando dormida.
—Alien—comenzó
—Mmmmmm?—solo pude responder tratando de no caer en la profundidad del sueño, que lentamente se estaba apoderando de mí.
—Estás segura de renunciar a Fun4Life y mudarnos a Alemania? No quisiera que lo hagas solo para darme el gusto a mí.
—Si, estoy segura, es lo que qui....ero—contestaba tratando de no dormirme. Pero era casi imposible. Los ojos me pesaban y no podía abrirlos de nuevo.
—Podríamos ir a Argentina y estar cerca de tus padres para......
—Podría tener cerca a mis padres y lejos a ti?—dije con las últimas fuerzas—Los gemelos te necesitan a ti cerca. Nos vamos a Alemmm....Alemania—dije arrastrando la lengua y ya no pude hablar más. La suave oscuridad me envolvió y me dormí profundamente.
Me sentía flotando en la oscuridad. Suave, sin peso. Podía sentir como la espesa negrura me abrazaba, tibia, escurriéndose entre mis dedos y filtrándose en mis poros. Todo era silencio.
Una sensación de paz me invadía. Podía sentir mis cabellos flotando y mi piel desnuda. No había tiempo, no había preocupaciones, no había recuerdos, ni dolor, ni tristeza. Mis sentidos estaban agudizados. Sentía como las sombras me acariciaban y como el silencio abarcaba todo. Comencé a escuchar mi respiración. Como mis pulmones se llenaban de aire y se vaciaban. El ritmo armónico me hacía dormitar, pero comenzó a hacerse menos audible y otro sonido comenzó a aparecer. Gradualmente se hacía más fuerte. Eran mis latidos. Suaves, acompasados, con ritmo. Podía cantar con su sonido. Nuevamente cuando me dormitaba, el latir iba desapareciendo dando lugar a otro sonido. Esta vez, era un latir un poco más fuerte y más rápido. Cuando era lo suficientemente fuerte, se desdobló en otro sonido. Eran mis twins. Podía sentirlos, respirar y moverse dentro de mí. Podía sentir su amor. Eran pura energía, pura vida. Me sentía extasiada y feliz. De golpe, los latidos se volvieron a unificar. Un escalofrío me envolvió. Sentí miedo. Pero era raro, no era mi miedo. Lo sentía a través de alguien más. Lo sentía a través de mis twins. Era su miedo. Entré en pánico, algo no andaba bien. No podía distinguir sus respiraciones, sus latidos. Se habían unificado. Escuche con cuidado como me había dicho el ecógrafo. Pero no las pude distinguir. Era una sola respiración, un solo latido. Algo le pasaba a uno de mis twins. Había desaparecido todo rastro de él. Las lágrimas comenzaron a correr por mi rostro. Traté de clamarme. Respiré profundamente varias veces hasta recuperar un poco la cordura. Me concentré y volví a escuchar una respiración y un latido, suaves y muy poco audibles. <Que sucede? Que sucede?>pensé desesperándome otra vez. Volví a quedar en silencio. En un áspero y espeso silencio. <Mis twins, donde están mis twins? Porque no los escucho?>comencé a preguntarme. Un susurro incomprensible comenzó a sonar en mis oídos. Me esforcé para poder comprender que decía, pero era apenas perceptible. Agudicé mis oídos y floté hacia el origen del mismo. A medida que me acercaba podía reconocer una voz femenina, pero aún no podía entender que era lo que decía. Cuando estaba lo suficientemente cerca pude escuchar una serie de palabras sueltas que me helaron la sangre: “míos”, “nacido”, “mataste”. Palabras que me recordaban a algo, no sabía a qué pero sabía que era malo. A pesar de estar en la oscuridad, cerré los ojos y me esforcé por recordar. Me fui acercando más a la voz y la piel se me erizaba. Sabía que algo no estaba bien, pero aún no podía recordar porque. De pronto la frase se hizo completamente audible y se me clavó en el cerebro haciendo que la respiración se me agite y la desesperación corra por mis venas. Lo recordaba claramente. Ahora sabía de qué se trataba todo. <No, por Dios. No otra vez!>murmuré como un rezo. Pero la voz era insistente y malévola. Quise cerrar mis oídos, pero su voz estaba en mi mente. Se había metido en mi cabeza y dominaba mis pensamientos. De a poco en la oscuridad esa voz comenzó a tener un rostro. Uno que hacia tiempo quería olvidar pero que seguía acechando en mis sueños, en mi vida. Su sonrisa rojo escarlata se hizo presente: “Ellos son míos. Nunca van a nacer. Se van conmigo. Tu me mataste....yo me los llevo.” Me senté de golpe en la cama con los ojos abierto de manera anormal y mis manos sobre mi vientre. Miré a mí alrededor y comencé a llorar. Bill se despertó asustado y me rodeo con sus brazos.
—Amor, calma, calma, fue solo una pesadilla—decía mientras me acariciaba.
—Otra vez Bill, otra vez ella en mis sueños!—murmuré.
—Lo sé cariño, pero la doctora dijo que era normal. Que eso significaba progreso.
—No Bill, no puedo más. No lo soporto más. Algo le va a pasar a los Twins por su culpa.
—No cielo. Los twins están perfectos. No les va a suceder nada. La doctora dijo que liberarte del estrés a través de los sueños era bueno para ellos.
—No, yo sé que ella quiere hacerles daño. Nos quiere hacer daño—dije sin sentido. Ella estaba muerta hacía más de dos años, pero eso no me fue suficiente. Yo sentía que de alguna manera iba a hacernos daño.
—Ven amor—me dijo mientras nos recostábamos abrazados. Apoyó su mano sobre mi vientre y lo acarició—Siéntelos moverse. Ellos están bien. Nada malo les va a pasar, ni a ti. Yo los voy a cuidar con mi vida. Has escuchado?—y me besó la cabeza. Solo atiné a asentir en silencio. Pero sabía que esto no terminaba allí. Necesitaba hablar con la Dra.
A las 9pm nos levantamos para cenar algo liviano. Miramos un rato la televisión, juntos en el sillón. Y cerca de las 12pm nos volvimos a acostar.
Me desperté a las 8am. No podía dormir más. Me sentía incómoda recostada en la cama. Me dolía la cintura. Bill aún dormía a mi lado, profundamente. Me fui al baño y me dí un baño de inmersión para quitarme todas las tensiones de la mala noche que había pasado. A las 8.45am estaba desayunando y me comunique con la Dra. Bonet . Por suerte tenía un turno libre a las 9.30am por lo que quedé en verla en ese horario. Le deje una nota a Bill en mi almohada, tomé las llaves de su camioneta y me fui a la cita. Después me iría a hablar con Helen para transmitirle mi noticia y por supuesto después llamaría a Tom para saber que había sucedido con Valeria.
A las 9.20am ya estaba en el consultorio. La recepcionista gentilmente me recibió y me hizo aguardar un momento, ofreciéndome algo para tomar. Acepté un poco de agua. Estaba nerviosa y tenía la garganta seca. Puntualmente 9.30am la Dra. —Bueno Lizzie, cuéntame. Cual era tu urgencia? Que sucedió que te puso tan mal?
—Volví a soñar con....con....ella—dije sin poder nombrarla.
—Cuando dices “ella” te refieres a Erika?
—Si—dije suavemente mientras comenzaba a apretar mis puños.
—Y que fue lo que sucedió con Erika?
—Soñé lo de siempre. Que quiere hacerle daño a mis bebes en venganza de lo que yo le hice—dije y miré para todos lados desesperada como si fuese a aparecer en algún momento.
—Lizzie, mírame. Cuéntame a mí. No hay nadie alrededor. Cuéntame.
Le conté todo lo que recordaba del sueño. Mientras lo hacia podía revivir cada sentimiento, cada emoción. Las manos se me agarrotaron en un puño blanco de tan fuerte que lo tenía cerrado. Los músculos se me tensaron dispuestos a responder ante cualquier agresión física que pudiese recibir. Cuando finalicé, la voz me temblaba y las lágrimas recorrían mis mejillas. Sentía nauseas y un mareo muy fuerte que estuvo a punto de hacerme desvanecer.
—Toma, come este caramelo antes de que te baje la presión y te desmayes—me dijo gentilmente.
—Gracias—respondí y miré mi reflejo en el vidrio del gran ventanal. Estaba blanca como un fantasma.
—Bueno, escúchame. Como hemos hablado en las sesiones anteriores, esto es mucho más bueno de lo que parece. Que puedas soñar y enfrentar tus miedos con ella es grandioso. Yo se que no es grandioso que tengas que pasar por esas pesadilla, pero significa que todos aquellos recuerdos que tenías ocultos en tu mente y que habías bloqueado, están aflorando. Tienes que dejarlos salir, por tu bien y por el de los twins. Un embarazo cargado de estrés no es lo más favorable para ellos.
—Es que me aterra. Tengo miedo que realmente no esté muerta y aparezca en cualquier momento. Yo sé que es una locura lo que digo, pero es lo que realmente me pasa.
—Y esta bien que me lo cuentes. Lo que debes hacer a partir de ahora es dejar de tenerle miedo. Necesitas poder nombrarla sin titubear ni temer a que aparezca detrás de ti cuando lo haces. Ese sería el segundo gran paso que debemos lograr y estaremos a mitad de camino de que puedas supera todo esto.
—Podré curarme alguna vez?
—Si, no veo porque no.
—No lo sé. Siento que ella me va a acompañar por el resto de mi vida y jamás podré olvidarla. —Puede ser, pero si sabes como enfrentarla, te acompañara como un triste recuerdo y no como un recuerdo que te acecha cada noche. Inclusive podrás acostumbrarte tanto que ni recordarás cuando aparezca en tus sueños porque ya no te afectará.
—No veo la hora de que ello suceda—dije sonriendo de costado. Complete mi hora de terapia contándole mis temores al parto, lo cual era muy normal y mi miedo al fracaso de Tom. Me afectaba mucho que no lograse ser feliz como merecía.
A las 10.40am estaba fuera y mucho más tranquila. Me daba tristeza saber que en unos meses debía cambiar de terapeuta. Por suerte ella me recomendó una ex compañera de la universidad que estaba viviendo y trabajando en Alemania. La pondría de a poco al tanto para que pueda estar lista para atenderme cuando me mude a Hamburgo. Igualmente accedió a atenderme por teléfono u online. Sabía que el lazo que nos unía era muy fuerte y que muchas cosas solo las querría hablar con ella.

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