El sol se comenzó a abrir paso a través de las maderas en la ventana. Un sonido de voces venía detrás de la puerta. Aún estaba entre dormida como para poder distinguirlas bien. Traté de levantarme, pero el dolor en el cuerpo era insoportable. Me sentía muy débil y estaba hirviendo. Me acomodé de una manera en la que no me dolieran las costillas. Se me había aflojado el vendaje, pero no tenía fuerzas para arreglarlo. Traté de distinguir las voces. Una era Erika, ya la tenía bien registrada en mi mente y las otras dos eran de hombres. Estaban discutiendo. Era como que ellos le reprochaban a Erika que hubiera dejado demasiadas pistas y que la policía los atraparía. Ella negaba las acusaciones diciendo que mientras ella esté al lado de los Twins jamás sospecharían. En definitiva, los dos hombres dijeron que no iban a delatarla, pero que ya no cuente con ellos. Erika se quedó maldiciendo hasta que entro Lauren.
—Que te sucede? Es necesario que pierdas la compostura de esa forma?
—Vamos a tener que trasladarla.....
—Que??
—Vamos a tener que trasladarla. Ellos no nos van a ayudar más y no podemos arriesgarnos a que la encuentren.
—Y como vamos a hacer algo así sin que nos vean??
—De la misma forma que la trajimos. Además Bill se “enteró”—dijo acentuando la palabra.
—Se entero?? De que se enteró?? No te entiendo.
—De que está....embarazada—dijo susurrando
—Embarazada???—dijo exaltada!
—Callate idiota!!!
A partir de ese momento no escuche más nada en mi cabeza más que la palabra “embarazada” retumbar una y otra vez.
Estaba esperando un hijo de Bill? Los ojos se me humedecieron y automáticamente mis manos se posaron sobre mi vientre. Como no me dí cuenta?? Cuando tuve mi último período? <Oh! Dios, para mi cumpleaños no nos cuidamos!!> pensé y me quise morir. Me sentía muy adolorida, pero feliz. No eran las mejores condiciones para enterarse, pero estaba feliz. Las voces se sentían lejanas. Erika le estaba contando como estaban los Twins y lo que se iba enterando que la policía contaba. Pero no me importaba nada más que saber que un bebito estaba creciendo dentro de mí. Eso me había dado el valor suficiente para seguir peleando por salir. Me senté y con todo el dolor del mundo me coloque nuevamente el vendaje tratando de apretar mi torso sin incluir el vientre. Cuando esta terminando, la puerta se abre y aparece Erika. Una sonrisa malévola enmarcaba su rostro.
—Veo que estás mejor—dijo.
Simplemente la miré y no hice ningún movimiento.
—No piensas hablarme? Sigues ofendida? Y yo que te traía buenas noticias.
La miré y fruncí el seño en señal de no comprender.
—Si, hemos decidido mudarte a un lugar mejor. Mira lo que es esto—dijo señalando con el brazo estirado y la mano abierta—No te mereces este lugar, vamos a llevarte a un lugar más limpio y amplio.
La miré sin decir nada. Intenté pararme lentamente, pero el dolor era insoportable. Pensé en mi bebé y respiré profundo juntando fuerzas. Una vez erguida lo mejor posible la miré a los ojos. Apoyé una de mis manos en mi vientre y no le quité la mirada.
—Parece que has escuchado nuestra conversación, eso está mal—dijo
—Que.....que es lo que quieres de mi?—le pregunté casi susurrando.
—De ti nada. Yo todo lo que quiero es a Bill y lamentablemente tu estás en medio. De alguna forma debía apartarte.
—Quieres a Bill, quédatelo, pero déjame ir. Por favor!
—Estás loca?? Ahora que sé que estás esperando un bastardo no puedo dejarte ir.
—Te juro que desaparezco de la vida de Bill, pero déjame ir—le rogué.
—Imposible, en cuanto Bill se entere querrá conocer a su hijo y siempre estarán en contacto y yo no quiero que tengas algo que ver con él. Te quiero fuera de su vida completamente.
—Y que vas a hacer?? Dejarme encerrada de por vida?? Porque este hijo va a nacer!—le dije furiosa.
—No estás en posición de levantarme la voz—dijo agarrandome del brazo y torciéndomelo—tú no me vas a decir que hacer o dejar de hacer. Y no me hagas enojar porque la puedes pasar muy mal.
Traté de que su mano me suelte, pero estaba débil. No me quedó opción más que rasguñarle la muñeca. Inmediatamente me soltó y al ver la sangre correr por su brazo encolerizó. Me tomo del cabello obligándome a arrodillarme.
—Esto no va a quedar así—dijo mientras me refregaba la herida por la cara, manchándome de sangre y de un empujón me dejó tirada en el piso mientras se iba insultando en voz baja. Sin más preámbulos me largué a llorar.
Me desperté sobresaltada por los gritos. Aparentemente me había quedado dormida por culpa del llanto. Harriet discutía con Erika y Lauren.
—La policía sospecha de nosotras! Hoy allanaron mi locker y todas mis cosas—dijo histérica.
—Calmate—dijo Lauren—a mi también me sucedió lo mismo, pero me dijeron que era simple rutina para descartarnos.
—Basta!! Si empiezan a sentirse culpables levantarán sospechas!! Cálmense y hablen tranquilas.
—Hoy la policía vino con una orden de allanamiento y revisaron mi locker, mi bolso y todas mis pertenencias. Traté de parecer lo más tranquila posible. Y hablando como si nada con uno de los policías que me custodiaba me dijo que me quede tranquila que era rutina para descartarme como sospechosa—contó nerviosa Harriet.
—A mi se sucedió lo mismo, pero yo, increíblemente, me encontraba tranquila. Cuando se fueron me dijeron que estaba todo bien y me pidieron disculpas—dijo Lauren.
—Ven, no tienen porque preocuparse. Hace un rato cuando les lleve el desayuno a los Twins estaba todo tranquilo. Según ellos la policía no tiene ninguna pista. Así que solo nos falta trasladarla y hacer que desaparezca de la vida de Bill para siempre.
—No estarás pensando en......—dijo Lauren y tragó saliva.
—Uds no se preocupen por nada....todo va a salir más que bien.
El frío comenzó a correrme por la nuca. Debía planear un escape cuando intenten trasladarme. A Lauren y Harriet se que las puedo convencer, el problema era Erika que estaba dispuesta a todo.
Un celular sonó.
—Es Bill. Quiere que vaya a su habitación—dijo exaltada como si le hubiese pedido matrimonio.
—Bueno vamos—dijo Harriet y se escucho como cerraban la puerta.
Me quedé pensando de qué manera podía inmovilizar a Erika para poder escapar. Me paré lentamente y fui hacia el baño. Me miré al espejo y tenía sangre seca pegada en la cara. Me lavé la cara con agua bien fría y luego encendí la ducha. No había shampoo para lavarme la cabeza. A duras penas la cadena de mi pie me permitía entrar en la bañera, por lo que simplemente me refresqué un poco. Las costillas me dolían y tenía todo la parte derecha debajo del pecho, inflamada y de un color morado. Me sequé y volví a colocarme la venda de manera correcta y bien ajustada. Ahora que tenía el tórax bien ajustado podía moverme un poco mejor. Me cambié y me fui hacia el sillón, allí en la mesa tenía comida. Seguramente la dejó Lauren mientras estaba duchándome. Ella era bastante considerada conmigo. No tenía apetito, pero debía comer, por mi bebe y porque necesitaba fuerzas para escapar. Traté de idear un plan, pero no había mucho para hacer estando encadenada a la pared. Mientras comía el sándwich, noté que junto a la manzana había un cuchillo. <SI UN CUCHILLO!> exclamé alegre. De manera inmediatamente lo escondí debajo de los almohadones del sillón. Por debajo de la puerta veía sombras, era muy arriesgado intentar sacarme la cadena ahora. <Paciencia> me dije. Terminé de comer algo y me quedé sentada acariciando mi vientre y soñando despierta con una familia. El sol iba apagándose. Pude calcular que serían alrededor de las 6pm. Los días se iban haciendo más largos a medida que se acercaba la primavera. Me había pasado toda la tarde pensando. En ese momento recordé el cuchillo y lo saque de debajo de los almohadones. Comencé a manipular la cerradura del candado. Trataba de ser lo más cautelosa posible pero los nervios me ganaron y casi me rebano el pie en dos oportunidades. Cuando sentí el mágico ruido del candado abrirse se me humedecieron los ojos. Respiré profundo y traté de mantener la compostura. Debía encontrar algo para unir la tobillera para que aún parezca cerrada. Sino el candado se abría completamente. Comencé a revisar todos los cajones de los muebles a los que no podía llegar por culpa de la cadena y para mi sorpresa había de todo. Evidentemente habían limpiado todos los cajones a los que podía tener acceso y guardado en estos que estaban más alejados. Encontré un poco de alambre que me serviría perfecto para cerrar provisionalmente la tobillera y así poder sacármela rápidamente. Encontré una serie de cuchillos mucho más afilados y los tomé. Me puse la tobillera y fui escondiéndolos en distintas partes del lugar a los que accedo encadenada y uno pequeño lo escondí entre mi ropa. Mujer precavida vale por dos. Estaba decidido, la próxima vez que Erika entrara en la habitación la atacaría para poder escapar. No me importaba herirla, debía escapar y lo haría por mi, por mi bebe y por Bill. Miraba el pequeño cuchillo que había escondido en mi ropa y me temblaban las manos al pensar que debía herir a una persona para poder seguir con vida. Pero mi hijo era prioridad y ella estaba decidida a que no nazca. Cerré la tobillera con el alambre de manera suave, hice un movimiento brusco y rápido y se abrió enseguida. <Es exactamente lo que quiero> me dije. Me acomodé en el sillón a comer la manzana y a esperar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario