Suavemente me quitó la ropa interior y nuevamente se recostó encima de mí. Con sus manos recorría cada centímetro de mi piel. Su boca envolvía la mía y nuestras lenguas se fundieron en un cálido danzar. Tomé su cabello entre mis dedos y apreté su boca contra la mía. No quería que nos separásemos más. Quería permanecer así con él por el resto de mi vida. Solo él y yo. Lo abracé con mis piernas hasta que nuestras caderas encajaron a la perfección una vez más. Mis labios intentaban contener tanto placer, pero era casi imposible. Suaves gemidos se fugaban entre beso y beso. Su boca se hundió en el hueco de mi cuello produciéndome un sinfín de sensaciones. El calor comenzó a invadir todo mi cuerpo y el de Bill. Mis manos en su cintura lo apretaban más y más contra mi cuerpo, como queriéndome fusionar completamente con él. Volví a recorrer su espalda que ahora estaba empapada de sudor y me detuve en su nuca para acariciarla. Sabía que eso le encantaba. Sacó su boca de mi cuello y una puntada de dolor-placer se hizo presente. Sus labios estaban rojos e inflamados. Me miró con los ojos entreabiertos y me sonrió suavemente. Así nos quedamos un instante, mientras nuestros cuerpos aún se movían al mismo ritmo. Sentí su mano bajar por mi pecho, pasar por mi cadera hasta llegar a mi muslo en donde clavó sus dedos y allí se quedó. Su cara solo reflejaba disfrute. Estaba totalmente extasiado y eso me producía mucho más placer. Comenzamos a acelerar el ritmo hasta casi no poder contenernos. Apoyó su codo a mi costado para mantenerse erguido, nuestras manos se encontraron y se entrelazaron fuertemente. Con cada gemido de placer apretaba más y más mi mano. Su respiración entre cortada en mi oído era como una suave melodía.
—Te amo—me dijo mirándome a los ojos mientras sonreía suavemente.
—Yo también.....más que nada en este mundo—le respondí y me beso suavemente.
Apoyo su frente en la mía, me soltó y pasó su mano por debajo de mi cintura elevando mi cadera. El roce de nuestros cuerpos era tan suave, pero perfectamente excitante. Los gemidos iban en aumento y la respiración era esporádica. Podía sentir su dulce aliento en mi nariz y sus dedos clavándose en mi piel. Contuve la respiración y un gemido de placer se escapó como aliviado, llegando al máximo placer imaginado. Bill me apretó muy fuerte contra su cuerpo. Respiraba agitado. Levantó la cabeza y sin mediar palabra me cubrió de besos. Se movió un poco hasta que su rostro quedó a la altura de mi pecho y se recostó allí. Con una de sus manos alcanzó las sabanas y nos cubrimos. Aún respirábamos agitados y nos encontrábamos bañados en sudor. Pero lo valía completamente.
—Estás bien?—me preguntó mientras me acariciaba la pierna.
—Si, muy bien. Tu?—le dije acariciando su nuca. Sabía que en cualquier momento se dormiría.
—Si y muy cómodo. Te molesta que me quede así? Me gusta sentir el latir de tu corazón.
—No, para nada. Cuando me molestes te corro a patadas—dije y reímos.
—Estás con frío—me dijo mientras notaba mi piel erizada.
—Ya se me va a pasar, es solo por el sudor.
—No, espera. A ver si te enfermas—dijo y estiró la mano hasta alcanzar su remera del piso
—Toma, ponte mi remera. Además mejor cúbrete por las dudas que a mi hermano se le ocurra entrar—dijo y se corrió a un costado. Me senté para ponerme su remera. Inmediatamente su aroma invadió mis pulmones. No existía nada más glorioso en la vida que sentir el aroma de Bill. Me hacía sentir tranquila y segura. Me acosté y nuevamente se recostó sobre mi pecho. Enrosco uno de sus brazos a mi pierna y acaricio suavemente mi muslo. Seguí acariciando su nuca hasta que su respiración se hizo pareja y tranquila. Se había quedado dormido.
Me quedé un buen rato despierta, acariciando y viendo como Bill dormía abrazado a mí.
Por momento los recuerdos de Erika venían a mi mente. Había noches en las que temía dormir porque en sueños revivía toda la pesadilla. Inclusive llegué a soñar que me despertaba y ella estaba sentada a los pies de mi cama, mirándome fijo y con la sonrisa teñida de rojo dibujada en su rostro. Ese mal recuerdo iba a acompañarme por el resto de mis días y solo podía contrarrestarlos pensando en Bill. Trataba de recordar aquellas noches en la playa cenando alrededor de la fogata, o los atardeceres que solíamos ver desde el gran ventanal que tenía la cabaña inmersa en el medio del mar donde nos hospedábamos o las interminables tardes de charlas que teníamos con Tom mientras Bill dormía la siesta. Pero así y todo, tarde o temprano, en un descuido, los recuerdos volvían y mi paranoia comenzaba a aumentar. Valeria me había aconsejado volver con el psicólogo, pero eso implicaría un psicólogo nuevo que a su vez implicaba contarle todo desde el principio y revivir cada momento doloroso. No sabía si realmente estaba preparada para volver a enfrentarme a ello. Suficiente con que debía revivirlo en mis pesadillas.
Me dormitaba y despertaba constantemente. En un momento me sobre salte al ver en sueños los ojos desquiciados de Erika, y desperté abruptamente haciendo que Bill se moviese. —Estás bien Alien?—me preguntó medio dormido mientras me acariciaba el muslo.
—Si, solo fue una pesadilla, duérmete amor—dije y acaricié su nuca sabiendo que no se resistiría a ello.
—Ok, te amo—respondió en susurros.
En ese momento recordé que los G’s y Tom no tenían llave para entrar. Tenía que avisarles de alguna manera. Mi celular estaba en mi cartera, y la cartera en el sillón. El celular de Bill estaba en su pantalón, y el pantalón en la otra punta del cuarto. No quería moverme para no despertarlo. Miré mi mesa de noche y tenía dos opciones, llamar a Valeria por teléfono, lo cual no era buena idea porque dentro de la disco no me iba a escuchar, o prender la notebook y enviarle un msj de texto desde la pagina de su compañía telefónica. El tema era que de esta forma llegaban demorados, pero era mi única opción. Con una sola mano agarre la notebook y la puse a mi lado en la cama la prendí y enseguida coloque una almohada encima para que la música no despierte a Bill que dormía plácidamente. Inicié internet y entre en la página de la compañía. Era muy incomodo escribir con un solo dedo y encima de la mano izquierda. Tardé casi 5 minutos para escribir una pavada. <Vale, por favor dale tu copia a los G’s y Tom para que puedan entrar. Mañana te la devuelvo> Lo envié y rogué que lo leyera antes de volver. Apague la notebook, lo volví a poner sobre la mesa de noche, enrede mis dedos en el pelo de Bill y lo acaricié hasta quedarme dormida.
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