Music to ♥

domingo, 4 de diciembre de 2011

Capitulo 15º - FINAL


Me quede sentada y los últimos chicos que habían llegado se acercaron. Una de las chicas estaba demasiado entusiasmada. Hablaba histérica y me entregó una bolsita con un regalo. Se lo agradecí y firme su libro con una dedicatoria un poquito más larga. Mientras escribía podía ver que uno de los chicos encapuchados, me observaba desde detrás de una hilera de libros. Esta vez sin lentes. Su mirada no me molesto, al contrario, me provocó una sensación familiar, pensé que podía ser.......nadie. No era nadie familiar, en realidad, aunque en verdad no pude reconocerlo, debido a que apartó muy rápido la vista y se alejo.
A las 8pm, aunque aún había un par de chicos dando vueltas dentro de la librería, empecé a guardar los libros sobrantes en una caja y ayudamos con Jessi a  Michael a quitar las publicidades. Cuando me encontraba de espalda al pasillo, doblando uno de los afiches, siento una presencia muy cerca de mí que me paralizó. Podía sentir su respiración en mi nuca. No sabía que decir, pero no me animaba a darme vuelta. Tampoco tenía miedo, eran más bien nervios. Otra vez esa sensación familiar me abarco de pies a cabeza. Su aroma penetró en mis pulmones y una risa temblorosa se dibujo en mi rostro. Reconocía ese aroma como ningún otro. El corazón se me aceleró y la piel se me erizó cuando sentí el calor de su tacto en mi cuerpo. Había apoyado su mano en mi cintura y pude notar que acercaba sus labios a mi oído. Sentí su respiración agitada. Apretó mi cintura y acercó aún más su cuerpo hacia el mío, antes de pronunciar palabra alguna. Su aroma me había inundado y penetrado por mis poros al extremo de adormecerme y hacer que mis rodillas estén a punto de aflojarse. Me relajé dejándome caer hacia atrás, sobre su cuerpo. Hacía tiempo que no me sentía así. Todo mi cuerpo recordaba perfectamente ese estado de éxtasis y sobre todo recordaba quién había sido la única persona que la producía. No era nada nuevo para mí, pero sí era algo añorado, algo que ya creía perdido y lejano.
Pasó su brazo por mi costado depositándolo frente a mí. En la palma, abierta hacia arriba, pude ver que estaba la caja de terciopelo celeste, abierta, conteniendo mi anillo gemelo y el cintillo. Mis ojos se humedecieron a la vez que una sonrisa, nuevamente, comenzó a dibujarse en mi rostro. Lo sentí en mi oído tomar aire profundamente para poder hablar.
Esto te pertenece—susurró—jamás debí permitir que te los quitases—concluyó y las lágrimas comenzaron a caer por mi rostro, lentamente. Tomé la cajita entre mis manos, de manera suave como si se fuese a romper o peor, a desaparecer si la apretaba demasiado. Suspiré y lentamente me dí vuelta para encontrarme con sus ojos. Esos ojos que un largo tiempo atrás me habían hechizado y que en este momento seguían haciéndolo. Esos ojos que desnudaban mi alma y me dejaban vulnerable y transparente ante ellos y ante el mundo. Esos ojos que me perdían y me hacían aflojar las rodillas junto con un cosquilleo que invadía cada parte de mi cuerpo, transportándome a un lugar lejano en donde la felicidad y el placer dominaban todo. Lo miré por unos segundos y sonreí. Sus labios comenzaron a moverse hasta formar aquella sonrisa que venía añorando hacia un tiempo y que había creído perdida para siempre. El corazón se me detuvo por unos instantes y un batallón de mariposas comenzó a revolotear en mi estómago. Ese era el efecto que aún hoy, después de tanto tiempo, seguía causando Bill en mí. Me quitó de las manos la cajita y tomó los anillos colocándolos, juntos, en mi dedo. Los miré orgullosa por un momento. Ahora si me sentía completa. Allí era donde debían haber estado todo este tiempo. Levanté la vista para encontrarme otra vez con sus ojos y en solo segundos nos dijimos todo sin hablar. Tomó mi rostro entre sus manos y nuestros labios temblorosos se fundieron en un beso suave pero lleno de pasión. Apreté mi cuerpo contra el suyo y encajamos perfectamente, como siempre lo habíamos hecho. Ahora me sentía perfecta, estaba como debía estar y con quién debía estar.
Mi corazón estalló dentro de mi pecho y mi alma se derritió inundando de amor cada célula de mi cuerpo, escapando por mis poros para envolvernos y transportarnos a nuestro mundo de fantasía. Aquél en el que solo existíamos él y yo. En ese instante supe que ya nunca, nada ni nadie nos separarían......jamás.



No hay comentarios:

Publicar un comentario